Amor en la época victoriana

Hoy me he quitado el velo carnal, cuando hubiese recibido la medalla del 37.º día (desde el miércoles de ceniza hasta hoy, creo que no me equivoco). El último viernes de cuaresma, precisamente. ¡Qué triste coincidencia! Lo siento mucho, ya no podía resistirlo más.

Como de costumbre ha cambiado la química de mi cerebro. Mantengo mi postura sobre esa amistad imposible, aunque ahora soy menos rígido en las formas y estoy algo más relajado. No consigo imaginar como mantenían en el pasado esas relaciones por correspondencia, sin ninguna clase de contacto, porque era pecado. Me hubiese vuelto loco. Si bien, he leído hoy en la wikipedia, que existía un doble rasero.

He regresado de nuevo al amor que ya no es y me ha asaltado una culpa espantosa. Le he asestado el golpe más terrible de su vida, porque yo sabía que venía de sufrir tantos otros golpes y justamente era yo quien la iba a proteger de eso para siempre. Aquellas parejas que realmente nunca la quisieron o los jefes que nunca apostaron por ella verdaderamente. Hoy me siento uno más de ellos.

Sé que no es cierto porque todavía la quiero y me preocupo por ella. Solo espero que sea capaz de recuperarse y que, por primera vez, se ponga en pie por sí misma.

Edito:

Por fin me ha respondido. Parece tranquila y decidida. Eso me alegra enormemente.


Cronología del tormento

  • 18.2.X: Empieza el reto.
  • 21.2.S: Comida de Navidad. La ansiedad se apodera de mí y da comienzo el plan.
  • 25.2.X: Mi amiga, la Muerte, llama a mi puerta y me mata.
  • 5.3.J - 8.3.D: Regalo envenenado. Última evocación del dulce ayer.
  • 13.3.V: Fin.
  • 14.3.S: Cumpleaños agridulce.
  • 15.3.D - 18.3.X: La vigilia. Despedida catártica.
  • 19.3.J en adelante: Fortaleza de la soledad y el calvario.

¿Fue entonces antes la desesperación de no vislumbrar un futuro que el golpe de lo laboral? De hecho, esto último ya lo he resuelto. ¿Soy acaso o no un impostor? Quizá el más vil que existe. Pero nunca tuve la certeza de que se materializaría el cambio que yo deseaba, ni siquiera lo persiguí activamente. No obstante, ¿debería renunciar totalmente? ¿Sería eso lo correcto?, ¿renunciar a las ilusiones? Sí, si son fantasías. Y, ¿cuál es la frontera entre la fantasía y la realidad? Lo cierto es que los demás argumentos siguen pesando. Así como la voluntad de encontrarme a mí mismo, sin ataduras. No es tanto su imagen como lo que tiene que ofrecer y a día de hoy es tan poco, que no merece la pena. Odiaría sentirme otra vez como un fraude. No quiero fingir lo que no es ni valerme de falsos pretextos para perseguir algo que posiblemente no tiene recorrido. Lo mejor será que me lo saque de la cabeza por el momento.


Escuchando: SAN TOSIELO "Todo cambia"

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